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jueves, 29 de diciembre de 2011

Pensamientos descabellados.




"ANTES BIEN , COMO ESTA ESCRITO, COSAS QUE OJO NO VIO, 
NI OIDO OYO, NI HAN SUBIDO EN CORAZON DE HOMBRE, 
SON LAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN" 
1 CORINTIOS 2:9

Pensamientos descabellados
Por Julia Barbeito.
¿Mandaría Dios un bebé a una sociedad oprimida? 
 ¿a una familia en esclavitud?
 ¿quebrantando la ley prescrita por el gobierno?
 Rápidamente diríamos "No", pero la verdad es que no sólo lo hizo una vez, sino muchas.
 ¿En qué estaba pensando Dios?! Pues en Ud., en mí, y en ellos.
 Había una emergencia.
 El bebé al que me refería era Moisés, nacido en Egipto, en el tiempo menos "propicio".
Generalmente los padres se preparan para la venida de sus hijos:
 ahorran, compran, visitan el doctor... [o la partera, en este caso].
Pero antes de él nacer tenía ya una sentencia de muerte sobre su cabeza.
 Faraón temía a los varones, quería que vivieran sólo mujeres (y Dios se rió de él usando a las mujeres en contra suya).
Pero como Dios siempre tiene sus agentes secretos- las parteras- no se cumplió su deseo.
 Moisés pasó uno de los peores momentos de su vida con los ojos cerrados.
Tampoco los cocodrilos del Nilo pudieron comer ese día; Dios les cerró la boca.
 El "muera!" se volvió en "viva!", en un abrir y cerrar de ojos.
 Entró al palacio con pasaporte consular.
 Los creyentes queremos pensar que su madre le inculcó buenas cosas, pero en realidad, su mundo fue: el palacio y los maestros de Faraón: su lengua, sus costumbres; cosas abominables en cuanto a religión.
Sin embargo, por "alguna razón", Moisés no siguió el orgullo del Imperio, de la familia que representaba y en la que había sido injertado.
Dios le había dado 'visión doble'. Siendo hebreo vivía entre egipcios, y siendo criado por egipcios conocía sus pensamientos sobre los hebreos.
 Dios estaba preparando a alguien diferente para enfrentarse a un líder bien terco.
Dios permitió que su arma fuera forjada en el mismo corazón de Egipto, así que no tenía que preocuparse por conocer a Egipto.
Se iba a concentrar en su misión y en derrumbar el espíritu de 'anticristo' detrás del hombre en el trono.
 Dios se tomó su tiempo para resolver esta emergencia, pero al final los guerreros egipcios acabaron bajo agua, [tal como lo había ordenado Faraón para los hijos de los hebreos], no quedó quien oprimiera la sociedad, ni rastro de familias en esclavitud y la ley...sería dada para vida, no para muerte.
 La próxima vez que le parezca que Dios tiene ideas descabelladas, piénselo dos veces!
 [Para más detalles, lea Éxodo capítulos 1 y 2.]


miércoles, 30 de marzo de 2011

Victoria en la Palabra.



Victoria en la palabra
Por hermana Julita.

Hechos 23:11
"A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma."

En el capítulo 27 de Hechos encontramos a Pablo en medio del mar. Era la voluntad de Dios que estuviera viajando hacia Roma. El Señor se le había presentado una noche, y le había dicho que era necesario que testificara en Roma [Hech. 23:11]. Aunque él sabía que Dios estaba en control, tanto el centurión que lo guardaba, como el piloto del barco, no habían seguido sus consejos. A pesar del peligro de seguir adelante, y habiendo visto que los vientos les eran contrarios, salieron del puerto y se encontraron con la tormenta. Este es el mundo en que nos encontramos. Sentimos el oleaje alrededor. Algunas olas golpean furiosamente nuestra nave.  ¿Qué hacían los marinos? Miraban al cielo, buscando sol y estrellas. Una luz, una guía. ¿Qué hacía Pablo? Miraba hacia adentro. Se fue a buscar la quietud en su espíritu, a Aquel que había cambiado su vida, a Aquel que lo guiaba en toda situación y quien le envió un ángel de luz para animarlo diciéndole: "Pablo, no temas..." [27:24] Aun el gran Apóstol de los gentiles había sentido temor de no llegar a su meta. Podía confiar en que el que había comenzado la  buena obra la completaría, con tormenta o sin ella. De ahí pasa de prisionero a padre de todos los de la nave. Reconocen que él tiene algo que a ellos les falta.  La nave encalla y la tormenta pasa, pero vemos que el Señor se encarga de que Pablo continúe su viaje hasta llegar a Roma. El gozo al encontrar hermanos en Italia nos hace ver que necesitaba el apoyo de los suyos; de saberse entre familia: el cuerpo de Cristo. El Señor del Universo es también Señor de las tormentas. Busquémosle para recibir ese poder y compartamos con otros las buenas nuevas. No hay que temer.

Nuestra Hna Julita B. es maestra del Intituto Biblico en Iglesia Iberoamercia Asambleas de Dios.

Jesus, El Buen Pastor

Jesus, El Buen  Pastor
Mi Ovejita mas Preciada